Crónicas de las Tierras Rotas

TORMENTA EN EL DESIERTO
De como el cielo cayó sobre nuestras cabezas

Caravana de Jemal, desde Vissio a la Ciudad-estado de Fuego Gris en los Estados Oasis.
Somos testigos de una lluvia de estrellas. Fragmentos de estrella fugaz golpean la caravana. Despertamos vivos alrededor del cráter formado por el impacto del fragmento. Dentro del cráter hay unas piezas extrañas. Pertenecen a un Dios-Creado, mitad máquina, mitad ser vivo, con el poder de un dios..
Buscando por los alrededores encontramos un par de supervivientes.
Rutjek, un joven de unos dieciseis años con medio cuerpo cubierto de graves quemaduras y Kalhara una mujer joven, incosciente, sin heridas visibles y bastante alejada de la caravana.
Reunimos los restos útiles de la caravana y nos dirijimos hacia la Pirámide de Oro
Rujtek está convencido que la caravana sufrió la maldición de las tres brujas, unas mujeres con lengua de serpiente.
Mas tarde nos enteramos que Kalhara estaba destinada a los criaderos reales, adquiridos para ser cruzados en el programa de estudio genético llevado a cabo por los magos de la reina Sadeh. Lamentablemente se descubrió que la muchacha había tomado veneno en un descuido de sus guardianes para evitar su destino.
En la pirámide encontramos a Meriptah, ayudante de Jemal, el dueño de la caravana.
Por ser los únicos supervivientes recae sobre nosotros la culpa de lo sucedido con la mercancía de la reina y somos convocados al palacio para responder de nuestros crímenes.
Nakht, uno consejero de la ciudad nos propone un trato. Seguir la pista de los otros fragmentos caídos y traérselos de vuelta. Esperaba someternos con un encantamiento, pero afortunadamente no se dio cuenta de que no había funcionado.
Salimos de Fuego Gris.

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LO QUE CAE DEL CIELO
Donde nos envían a por lana pero no salimos trasquilados
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TIRANDO DEL HILO
Todo el mundo quiere algo a cambio
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ZADRADICIUS
Zadra deja de ser feliz
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MUCHO TRABAJO PARA TAN POCA PAGA
Donde los problemas se acumulan y nosotros buscamos mas

Qué es lo que estoy haciendo? No sé por qué estoy aquí intentando reunir fuerzas para castigar a unos fanáticos?
El desierto es hermoso y duro y cruel.
Para qué tengo este poder? He sido elegida? Qué se espera de mi?
Allá en mi hogar se esperaba de mi que fuera una buena hija respetuosa con las tradiciones, el orgullo de mi familia. Se esperaba que superase un examen con las mas altas cualificaciones para poder ocupar un puesto desde donde favorecer a mi familia. Renuncié …, no, me rebelé contra ese destino asfixiante. Tenía todo un mundo nuevo para explorar y me obligaban a seguir los pasos de tantos otros.
Quiénes son estos extraños que me acompañan? Por qué estoy con ellos? Me necesitan? Les necesito? Qué estoy haciendo aqui?!
Qué hago aquí, Rand, que hago, lo sabes tu?
Que buscas aqui, Boreas, que hay aqui excepto muerte y podedumbre?
No quiero esta responsabilidad. Tanta sangre en mis manos, tantas vidas sobre mis hombros.
Quién es esta gente por la que estoy luchando?
Por qué debería seguirte, hombre-zorro? A veces creo que veo retazos de tu alma a través de esos ojos extraños, duros como el filo de tu espada, veo sombras asomarse y me dan miedo. Tu piel huele al polvo de una tumba cerrada. Qué guardas en tu corazón?

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EL VALLE DE LOS MALDITOS

La gente comienza a oír de nosotros y los pedigüeños comienzan a venir. Ocacia, un valle resguardado por montañas se había librado de lo peor de la invasión sufrida por Ancalia hasta hace unos días. Al parecer decidieron dejar que el resto de su país se las apañara como pudiera mientras ellos disfrutaban de paz.
El suplicante, Gezu, vino sin el beneplácito de sus mayores. Una matanza se estaba produciendo en su remanso de paz, los cuerpos descuartizados de los más débiles aparecían cada poco tiempo en sus tierras.

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DE MAL EN PEOR

Durante unos días me dediqué a observar a Rand. Necesitaba los fragmentos celestiales si iba a crear un artefacto para viajar en busca de Jurkin Choban.
Siempre que tuve la oportunidad registré sus aposentos, con sigilo, escondida en las sombras, disfrazada de criada…
En mis aposenstos pasé muchas noches en vela pensando la manera de coger los fragmentos sin que se diera cuenta. Sentía remordimientos por lo que iba a hacer, al fin y al cabo era traicionar a un compañero. En los momentos en que me vencía la conciencia miraba el dibujo que hizo Choban y mi determinación volvía.
La primera vez que encontré los fragmentos en el escondite de Rand me temblaban tanto las manos que no me atreví a llevármelos. Volví a mis habitaciones todo lo rápido que la prudencia me permitía. Lloré de rabia por mis escrúpulos. Salí de la ciudad y me alejé un trecho para dar rienda suelta a mi rabia gritando, pateando y golpeando todo lo que veía.
Regresé a mi habitación caminando a grandes zancadas, evitando mirar a los ojos de quienes se cruzaban en mi camino. Me tumbé en la cama todavía vestida, mas acalorada pero no mas calmada.
Tenía un pequeño taller en el que estaba dando forma al artefacto y al que solo le faltaba encajar los fragmentos.
Un par de días después preparé mi macuto para salir de viaje, volví al escondite de Rand y cogí dos fragmentos con los que terminé el artefacto.
Sin perder tiempo me fui a los establos, ensillé mi caballo y partí hacia los Caminos de la Noche en busca de mas fragmentos con los que reponer los que me había llevado. Todo el rato sentía unos ojos clavados en mi nuca y una sensación de opresión que me dificultaba el respirar.
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Encontrar la entrada a un camino de la noche no me resultó difícil, pues los habitantes locales conocen los lugares por donde no debía acercarme.
Las criaturas que merodeaban la zona eran grises y deformes, pero de alguna forma extrañamente familiares, y agresivas.
En todo momento hasta que entré sentí la mirada de algun ente de mayor intelecto que las bestias que había despachado, evaluándome y quizás, decidiendo que no merecía la pena luchar contra mi.
Un simple arco de piedra marcaba la entrada y tras él un puente casí infinito hecho de filigrana de plata flotando en una negrura que parecia respirar.
Sin mi sobrehumana resistencia intentar recorrer este camino sola hubiera sido suicida, en cualquier momento podía ser atacada por criaturas, algunas de ellas de aspecto desesperado. Si aún necesitase dormir algo me habría devorado.
Tras cinco dias de andar por la oscuridad, cruzando muros y torreones que antaño protegían el camino, pero que ahora no eran más que ruinas habitadas por engendros, llegué al final de esa ruta, sin haber encontrado desvío alguno. Al otro lado divisé una ciudad cubierta por la nieve, en una noche sin estrellas.
Este lugar, con un estilo arquitectónico que nunca había visto, en algún momento debió ser una gran civilización. La masoneria y la precisión de sus formas estaban más allá de las capacidades de ninguna nación de Arcem. Pero lo que no conseguí encontrar era vida alguna, aunque notaba la presencia de algo que se movía por el rabillo del ojo.
En el edificio principal, quizás una gran catedral, o el palacio del rey, encontré un libro magnífico, un potente artefacto, inamovible e indestructible, que contaba la historia de este mundo, sus héroes y sus batallas, y su participación en la Guerra Final.
El destino de este lugar estaba en sus páginas. No sé si a causa de la Fragmentación o por un Dios Creado enemigo, el Sol dejó de salir, e incluso la Luna terminó apagándose. El resto de la historia contaba como el frio y la oscuridad hicieron que en muy poco tiempo desapareciera el orden, y los habitantes se matasen por tener algo de madera o aceite para resistir el frío. Los sacerdotes de este templo protegieron los últimos restos de teurgia en un intento desesperado por encontrar ayuda. Pero las turbas consiguieron entrar y mataron a los sacerdotes que trataban de salvarles.
En un montón de cenizas, restos de un gran fuego, encontré dos fragmentos celestiales brillando levemente. A su alrededor decenas de cadáveres congelados que vieron como se apagaba la última llama hasta que sólo quedó el débil fulgor de los fragmentos.
Al salir con mi recompensa vi en un edificio cercano una luz, la de una llama. ¿Quizás aún quedaban supervivientes?

Me acerqué sigilosamente a ver quién podía estar en este lugar desolado. No quería poner en peligro mi botín. Tenía que reponer los fragmentos, a ser posible antes de que Rand se diera cuenta que le faltan.

La luz mostraba un grupo de guerreros, claramente venidos de otro lugar, de otro mundo. Eran muy competentes y me descubrieron cuando no llevaba mucho vigilándolos. Sus gestos y costumbres eran desconcertantes, pues sus ropas y lenguaje era parecido a los de Dulimbai, pero su acento hacía muy difícil la comunicación. Al final conseguí averiguar que eran un grupo de aventureros, que estaban explorando una ruinas cuando encontraron un profundo túnel que les llevó a esta ciudad. Por lo que llegué a comprender, la puerta por la que vinieron solo se abría en un sentido y llevaban varios días buscando una ruta alternativa sin éxito.
Su líder, que se presentó como Ming Li Yao, pronto comprendió que yo venía de un mundo diferente al suyo, y habló de una gran mal, una niebla que cubrió su mundo excepto un archipiélago protegido por algún poder que no supo explicar. Muy pocos habían conseguido sobrevivir a la niebla, pues provocaba la locura y en su interior moraban demonios de un raza salvaje, los Shao, que querían destruir lo poco que queda de la civilizacion y de razas antiguas y extrañas ruinas. Me preguntó sobre mi mundo y cómo llegar a él, pues empezaban a perder la esperanza de conseguir volver al suyo, al menos de momento.

No tenían monturas, llegaron aquí explorando unas ruinas subterráneas. Sus ropas son orientales, así como sus armas. Sus armaduras son de hierro y cuero, levemente mejores que las que suelo ver, pero nada sorprendente. Su fisonomía es muy parecida a la mía. Lo más revelador es su acento extraño.
Uno de ellos me habló sobre sus dioses, los Nueve Inmortales. Su presencia es más débil que antaño, pero siguen respondiendo a sus más devotos fieles.
Sus conocimientos mágicos me sorprendieron. Hablan de magia que no conozco, de tejer “capas de almas” que permiten al que la lleve hacer prodigios que rivalizan y superan cualquier cosa que haya oído. Uno de los viajeros es mago, aunque no tiene una capa de las que hablan. Quizás por desconfianza no me mostró lo que es capaz, pero por lo que me contaron creo que es una magia de gran versatilidad, pero que requiere esfuerzo y tiempo.
No es la primera vez que se enfrentarían a muertos vivientes. Aunque no tan abundantes como en Arcem, no son desconocidos en las Islas del Ocaso.

Tomé una decisión. Solo eran seis y no podían hacer mucho daño en aquellas tierras peligrosas.
Viajamos rápidamente, volando sobre el terreno gracias a mi artefacto. Si estaban sorprendidos no lo demostraron ni comentaron nada. Yo sí que me sorprendí al llegar a Samira.
La ciudad parecía sitiada por un ejército de zombies, pero solo eran las criaturas de Rand “protegiendo” la ciudad. Estaba enfadada …, no, estaba furiosa. Los guardias me reconocieron y me dejaron pasar.
Discutir con Rand me da un terrible dolor de cabeza. Es incapaz de empatizar con nadie y solo piensa en contar adoradores. Cómo puede ser tan cretino?!
Aseguraba estar haciendo lo mejor para la ciudad y sus gentes, protegiéndolas de la amenza del Gran Gusano que dejamos atrás en Ocacia.
Los zombies ya habían acabado con unos pocos habitantes que querían salir de aquella ciudad sitiada por no-muertos.
Traté de organizar una forma de descartar la amenaza del contagio cuanto antes para tratar de volver a la normalidad pero no era nada fácil. Rand está tramando algo y ha descartado de su mente la ciudad que parece solo darle problemas.
Si la morrigan es la única que puede ver con claridad a los infectados deberíamos usarla para que inspeccionara a los habitantes en busca de la infección. De paso, haremos un censo y volveremos a permitir el comercio de una forma controlada para evitar los problemas.
No sé porque confío en Rand. Su criatura morrigan ha matado a 100 personas, entre ellas el Consejo de la ciudad y el único médico que teníamos.
La gente está cada vez mas asustada y tan desesperada que prefieren probar suerte con los zombies que quedarse dentro de los muros.
He elegido otro consejo y les he contado abiertamente como está la situación. Trataré de ayudarlos si quieren salir y les proporcionaré herramientas para escapar de los zombies.
No paro de oír el nombre de Jonas. Al parecer es alguien que está en desacuerdo con los métodos que utilizamos y que previene al pueblo contra nosotros. No puedo encargarme de eso ahora y es inútil pedirle a Rand que haga algo, podría ser contraproducente.
A las puertas de la ciudad, lejos de los zombies que la rodean, una caravana de comerciantes nos ha solicitado una audiencia. Rand y yo vamos a encontrarnos con Akeshi, una criatura inidentificable que viene de la Corte de la Reina de las Cadenas Doradas a ofrecernos aquello que mas podamos desear a cambio de las minucias de nuestros sentimientos.
No entiendo muy bien que quieren, pero ofrecen mucho a cambio de algo, aparentemente, poco valioso para nosotros. Les he dicho que lo consultaré con el Consejo de la ciudad y que les daremos una respuesta.
Me recluyo en mi taller para fabricar unos sencillos lanzallamas que puedan ayudar a la gente a combatir a los zombies. Yo misma los he probado y funcionan bien a menos que alguien se acerque por tu espalda y corte la manguera de suministro de combustible.
Que espectáculo debe haber sido Rand y yo discutiendo ferozmente, rodeados de zombies furiosos. Uno de ellos me ha mordido, lo que ha hecho reaccionar finalemente a Rand y los ha detenido antes que acabaran conmigo.
Estoy cada vez mas cansada. Ha llegado un mensaje de Ankhesi, uno de los Príncipes de las Arenas de los Estados Oasis. La reunión de tribus tendrá lugar dentro de cuatro días.
He tratado de ser responsable, seguir haciéndome cargo de la ciudad y sus habitantes a pesar de las dificultades. Pero es que además tengo que luchar contra Rand, discutir, pelear, engañar…, estoy harta.
Cómo se le ocurre darle permiso a la morrigan para eliminar a los infectados? Pensaba que tenía algún tipo de control sobre ella, por eso no tuve reparos en que se encargara de la inspección. Un médico mundano habría tenido srios problemas para inspeccionar a mil personas como es debido para descartar a los que no estuvieran infectados.
Aún no me puedo creer que hubiera cien personas infectadas en la ciudad y que casualmente entre ellas se hallaran los miembros del Consejo. En parte también es culpa mia por confiar en Rand.
Mi sueño de una ciudad refugio se desmorona.
Me fui un día antes de lo previsto a mi reunión en el desierto. Me llevé a las niñas y a los forasteros. Le dejé una nota a Rand, pues no tenía claro si volver a Samira.
El desierto es hermoso. Ankhesi es una buena persona, aunque no debería confiar en mi criterio que ya me ha fallado antes.
Las tribus quieren pruebas de mi poder antes de ponerse bajo mi bandera para lo que quiera que tengo pensado.
En realidad no tengo pensado nada. Acudí a las tribus en un momento de ira con el único pensamiento de vengarme de la ateocracia. No quiero perder tiempo en demostraciones de feria como si fuera un fenómeno, pero tampoco tengo brillantes argumentos ni discursos para convencerlos. Viven sus vidas en libertad y no temen nada excepto que el cielo caiga sobre sus cabezas.
Ankhesi es un encanto. Ha accedido a dar la cara por mi ante las tribus, a quedarse con las niñas y cuidarlas. Me gustaría acurrucarme entre sus brazos y dormir sin pesadillas y en paz, pero tengo miedo de complicarle la vida. Creo que necesito un amigo mas que un amante.
Al final he vuelto al lado de Rand, se va de viaje a los fiordos, pero su impaciencia tiene el descaro de pedirme que lo lleve con rapidez a encontrarse con las zorras de hielo. Pues bien, si no fuera por mi pequeña transgresión no le ofrecería ni un pensamiento.
Nos fuimos todos los que podía llevar conmigo hasta las cercanías de Janjero y desde allí cruzamos el océano hasta las islas de las brujas negras.
Un día entero tuve que esperar alli hasta poder viajar de vuelta a Samira.
Dentro de un mes volveré a recogerlo.
Sé que los forasteros quieren volver a sus tierras, pero tendremos que esperar a que Rand regrese. Mientras intentaré averiguar todo lo que pueda sobre los Caminos de la Noche.

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Diario de una batalla

El tiempo transcurre rápido como la arena entre mis dedos. Todo cambió desde que cayó aquel objeto celeste. Nos hizo diferentes. A veces me sorprendo, pensando en cuanto de humano me queda. Conforme desarrollo mas y mas mi poder, noto que mi consciencia y razón, empiezan a tratar a los mortales como si fueran seres inferiores. Como si yo fuera ¿Un Dios?

La facilidad con la que mis dones los manipulan, empieza a convertir su uso en algo casi instintivo para mi. Pensaba que alejarme del poder directo en los mortales cambiaría la situación.
Pero allá donde vamos se repite. Los mortales solo piensan en dos cosas, el poder y el dominio sobre sus pares. Se lanzan en campañas de conquista, en complicadas redes de manipulación, todo por ese objetivo que parece impulsarles, dominar.



Siento que estoy en una escalada de poder. Cada vez que intento interferir con ellos, me veo abocado a ganar mas y mas para realizar nuestro cometido. Mas control, mas violencia. Derrotar soldados ya es solo una mera anécdota, destruir ejércitos una realidad. Pronto será necesario destruir ciudades y después… No quiero pensar que necesitaré al final.

Empiezo a pensar que deberíamos dejarles que se maten entre ellos, simplemente. Pero entonces recuerdo que no solo están ellos. Que en múltiples ocasiones hay otros. Poderes en la sombra con facultades parecidas a las nuestras, o superiores a veces.
Me molesta que se entrometan, pero mas allá de eso, la verdadera razón es que puedan destruirnos. Bueno que puedan destruirme.

Cada vez me noto mas distante de todos, como si no me entendieran. Aunque no les culpo cada vez soy mas diferente. Pronto comenzaré a llevar a cabo mis propios planes. Tal y como son los humanos me parecen defectuosos. Crearé un pueblo que pueda llamar propio, a mi imagen y semejanza.

Y de mi carne y sangre una dinastía que los gobierne. Que puedan llevar a cabo proezas de las que sentirme orgulloso, y que mitigen mi melancolia.
Levantaré una torre de huesos, alzaré una ciudadela de hierro y soledad, sobre las cenizas de mis enemigos.

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El Camino está Cerrado

El camino a casa está cerrado.

Volvemos al pueblo de Po. Solo quiero estar sola y emborracharme. No es una buena combinación. No es buena idea, pero qué mas da?!
No hay rincon en este u otro mundo donde descansar en paz.
Día a día lo intento, trato de vivir, buscando cualquier motivo o razón para seguir adelante. A veces siento que no me queda nada por lo que luchar, que las luchas que hasta ahora he llevado a cabo no han servido de nada. Ni yo soy mejor persona ni el mundo un sitio mejor donde vivir.
Tratar de satisfacer a todos, de hacer felices a todos es imposible pero parece que no consigo siquiera llevar la paz a los que me rodean de cerca.
Que me ha pasado. He cambiado? Por qué? Cómo?
Dolor y decepción son mis recompensas, ni siquiera la satisfacción de un trabajo bien hecho. Todo son chapuzas y victorias a medias, incluso algunas victorias se han vuelto en contra nuestra.
De que sirve luchar?
Dónde está Choban? Ni siquiera sé si está vivo aún. Acaso se preocuparía él de buscarme a mi? Solo soy una niña tonta buscando a alguien que no quiere ser encontrado?
Soy una asesina? Eso dicen mis compañeros. Así es como me ven? Me echarían de menos si desapareciera?

De pie, en lo mas alto del mas alto edificio de la ciudad de Xian espero el anochecer. Invisible para el mundo, con y sin poderes, cumpliré un deseo aunque no me lo agradezcan. Lei, Fuerza Impura, esta será tu última noche en este plano, que tus dioses decidan tu destino.
El sol se oculta, la oscuridad comienza a cubrir esta tierra. Poco a poco van apareciendo las estrellas. Hoy no habrá luna. Tampoco la necesito, no son mis ojos los que guiaran la muerte emplumada que sale de mi arco.
Ni un sonido delata mi saeta.
En cuanto suelto la cuerda me doy media vuelta para descender.
Una vibración en el aire, un sonido leve como las alas de una lechuza. Me giro velozmente y aunque no puedo verla siento la flecha que se acerca buscándome.
He fallado.
Ni siquiera intento esquivarla. Que fuerza! La punta me atraviesa y sale por la espalda. El dolor es espantoso, no creí que hubiera algo capaz de provocar un dolor tan atroz. Siento como si mi corazón fuera a estallar, como si pequeñas grietas se extendieran por mi cuerpo desde el centro de mi pecho para quebrarme en mil pedazos.
Cierro los ojos y me sumerjo en ese dolor, me dejo llevar, todos mis sentidos nublados por el sufrimiento, como si de una traición se tratara.
No puedo respirar, aunque abro la boca para coger aire mis pulmones no reaccionan. El cielo sobre mi cabeza da vueltas, el suelo se acerca a una velocidad de vértigo. Estoy cayendo. Voy a morir.
Cierro los ojos y mi último pensamiento … Rand, cuanto lo siento.

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La Sombra Amarga

Mientras caía desde el tejado ví a mi asesino. Una figura humanoide, hecha de sombras que empuñaba un arco de esa misma sustancia. La flecha se mantenía clavada en mi cuerpo, pero noté una presión como si se moviera y quisiera atravesarme.
Cuando estaba a punto de alcanzar el suelo alguien se lanzó sobre mi. Golpeamos el suelo juntos, y utilizó su cuerpo a modo de escudo para amortiguar mi caída. Tras dejarme tumbada en el suelo con delicadeza se levantó y sacó su espada.
La sombra, ahora acompañada por otras nos rodearon, avanzando y estrechando el cerco lentamente.
«Demonios de la Sombra Amarga en la propia Xian, mi mala suerte sigue acompañandome» dijo el guerrero. Su voz sonaba joven, su postura era firme y decidida y su rostro, a penas vislumbrado, sereno, pero habían diez sombras y sus movimientos confirmaban que eran criaturas letales.
Tras unos segundos de silencio, que parecieron prolongarse horas, uno de aquello seres se lanzó hacia mi. El joven se movió rápido y ligero como un gato, rodó por debajo del filo de sombras del hacha y su espada reflejó la luz lunar en una línea evanescente. Del cuello del monstruo manó sangre negra y se derrumbó a solo un metro de mi.
Entonces los demonios dejaron de centrarse en mi y se lanzaron contra mi salvador, sombras y un filo de plata bailando bajo las estrellas. En unos instantes todo había terminado, otros cuatro demonios cayeron y el resto decidió que ya habían tenido suficiente y empezaron a retirarse.
«Decidle a vuestro amo que ella está bajo la protección de Xiong Xie». Se acercó a ver como estaba, temblando de cansancio, pero antes que pudiera darle las gracias perdí la consciencia.
Desperté en una cama sencilla pero muy cómoda. La habitación era espaciosa pero sin ningún tipo de lujo o exceso. Llevaba puesto un sencillo camisón de seda, de gran calidad encima de un gran vendaje.
El joven, apoyado en una ventana, observando el exterior se giró al darse cuenta que estaba despierta.
«No conviene que te muevas. El veneno de las Sombras puede matar a un dragón con un solo roce. No he oído nunca que alguien haya sobrevivido a él. Que te puedas mover pasadas solo unas horas debería ser imposible, pero el que no respires creo es señal bastante clara que no eres normal. Me llamo Xiong Xie. Quién eres y qué eres que interesas tanto a los demonios?»

Lo miré entre asombrada y confundida, en mi mente habían más preguntas que respuestas. Abrí la boca para contestar pero no conseguí aticular palabra. Sentía la garganta cerrada, no solo no dejaba pasar el aire, tampoco el sonido. Me llevé la mano a la herida y luego al cuello, tragué saliva o al menos lo intenté. Ahora estaba asustada, no sabía que me pasaba. Como vi que me miraba esperando una respuesta sacudí la cabeza y señalé mi garganta. De mi boca abierta seguía sin salir sonido alguno.
Incómoda y asustada como me sentía decidí enfocar la situación a mi manera. Miré la ropa que llevaba puesta y luego le miré esperando una respuesta.
- Puedes estar tranquila, de eso se encargaron las sirvientas.
Me sentí aliviada y quise bajar de aquella cama, pero incomprensiblemente mis fuerzas me fallaron.
- Bueno, una consecuencia que puedo entender. No intentes levantarte, por lo visto ni siquiera tú eres totalmente inmune a los efectos debilitantes del veneno.
Tozudamente lo volví a intentar y a punto estuve de caer de la cama. Con una rápidez increíble, estaba a mi lado sujetándome por los hombros.
- No te he dicho que estás malherida? No te irás de aquí hasta que mejores – hizo una pausa y me miró burlón – , y yo obtenga algunas respuestas.
Qué debía decirle? Qué parte contarle? Cómo podía confiar en nadie?
Carraspeé un par de veces e intenté tomar aire unas cuantas mas. Finalmente mi voz volvió aunque débil y enronquecida.
Golpeando mi pecho para enfatizar mi respuesta le dije:
- Máozi ( extranjero; pelusa; bandido)- . Me miró divertido y soltó una carcajada.
- “Pelusa”, eh? Es un mote?
Lo miré sin comprender hasta que me dí cuenta a lo que se refería y mis mejillas ardieron de furia y vergüenza.
- No! Quiero decir que no soy de aquí. Vengo de muy lejos!
- Cómo de lejos? Mas allá de las islas? Eso es imposible! Nadie puede cruzar la Niebla!
- No vengo a través de la Niebla, vengo de más allá, de otro mundo sin Niebla – repliqué desafiante. Tan pronto las palabras salieron de mi boca me di cuenta que había dicho más de lo que debía o deseaba.
Me miró con los ojos muy abiertos, sorprendido por mis palabras.
- Eres del grupo de forasteros de la embajada de Lom? – su tono se había vuelto desconfiado.
- Aiiish! Como puedes equipararme a esos perros carroñeros??!! – grité furiosa tratando de alcanzarle con mi puño, sin mucho éxito, y cayendo de bruces en sus brazos.
Traté de zafarme pero estaba débil aún y su diversión me hizo perder la cabeza. Traté de arañarle, buscando sus ojos y le mordí con fuerza en la mano para caer agotada por el esfuerzo.
Ya no se reía. Se sujetaba con fuerza la mano herida con las marcas de mis dientes.
- Serás salvaje! Así me agradeces que te salvara la vida?! –Me miró con seriedad como pensando con cuidado lo que iba a decir a continuación-. Será mejor que descanses. Mañana pasaré a ver como estás. Y espero mejores respuestas.
Y salió de la habitación.

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