Crónicas de las Tierras Rotas

No es lugar para magos

Habrá algo que nos salga bien?

Estaba cansada de andar rebotando de un lugar a otro sin ningún propósito o solución. Que Rand quiere marcharse a hacer proselitismo? Asi sea! Me llevé a Hao Liu a remolque y nos dirijimos a la ciudad de Tien Lung. De nuevo. No, no fue así. Primero necesitaba saber con quien debía hablar para que estuvieran prevenidos. Fui a ver al Tigre Rojo, quien me habló del general Hi Shi Shitsi, un militar que llegó a Xian con la novia del mandarín para los esponsales. Seguía teniendo su sello para avalarme, así que me dirigí a Tien Lung. Pregunté a los guardias y me señalaron el camino hacia las afueras de la ciudad, el general se encontaba en una de las fortalezas que protegían el camino.
El general Hi Shi me recibió con cierta reserva y aunque mi historia le pareció bastante increíble no podía permitirse el lujo de descartar la posibilidad de un peligro en el corazón de la capital, por lo que me sugirió que hablara con un Mago Rojo, un Inquisidor, llamado Murakumi.
Repetí mi historia lo mas veraz que pude sin comprometer a nadie mas a parte de mi misma y me prometió que lo investigaría. Le di el nombre de la posada donde nos hospedaríamos por si necesitaba contactar de nuevo con nosotros y partí un poco mas ligera de corazón. Yo había hecho mi parte, ahora ya no dependía por completo de mi.
Aquella noche fuimos “atacados” de nuevo.
Desperté con una sensación heladora. La temperatura del cuarto había bajado varios grados y nuestro aliento se condensaba al salir de la boca. Al mirar a nuestro alrededor descubrimos que ya no estábamos en nuestro cuarto de la posada. Un páramo sin fin, uniforme hasta el aburrimiento se extendía en todas direcciones y sobre nuestras cabezas un cielo oscuro con extrañas constelaciones punteadas de rubíes. Después de la conmoción del descubrimiento decidimos ponernos en marcha. Caminamos en línea recta, o al menos eso intentamos, durante horas, días, años, siglos, eras… Imposible saber cuánto tiempo había transcurrido. A pesar del artefacto de viaje no se veía fin en aquella extensión uniforme. Viajábamos rápido tanto tiempo como el artefacto nos lo permitía y descansabámos lo justo para recargarlo, un día, mas o menos. Tres días después llegamos al borde de aquella planicie. Literalmente el fin del mundo. La tierra se terminaba allí mismo y un gran abismo de nada se abría frente a nosotros. Siguiendo el mismo borde por la izquierda no habíamos recorrido mucho cuando a unos diez kilómetros del borde divisamos lo que parecía un edificio recortándose negro sobre la oscuridad de la noche. Visto de cerca el edificio estaba en ruinas, de sus seis pisos iniciales solo tres se conservaban en pie. Un área de unos 50 metros cuadrados rodeaba de forma excéntrica la pagoda. Parecía que antes era un jardín. En medio, un pozo con el pretil casi desaparecido. No era muy profundo así que bajé a ver que podía encontrar. Hao Liu no podría aguantar mucho mas tiempo sin comer o beber. Por debajo de lo que había sido el nivel del agua del pozo encontré un objeto extraño. Una caja pentagonal del tamaño de una mochila grande, incluso tenía unas correas para transportarla. Estuve largo tiempo estudiándola hasta que averigüé su propósito. Era un dispositivo de teleportación con un temporizador. Me llevó casi un día invertir el mecanismo para que nos sacara de allí y no estaba muy segura de que no fueramos a volar por los aires. Activé el aparato desde el interior del pozo.
Un gran estruendo y una lluvia de cascotes fue el resultado mas visible. Al parecer aquel pedazo de terreno había vuelto al lugar de donde desapareció no se sabe cuanto tiempo atrás. El problema es que ese vacío ahora estaba ocupado por nuevos edificios y gente. Al brotar del suelo, habíamos lanzado por los aires una manzana entera de casas con sus habitantes incluidos. Salimos con mucha precaución, tratando de pasar desapercibidos en medio de la conmoción.
Mientras saliamos a hurtadillas del lugar del desastre vimos entre los curiosos una cara conocida. Me sentía hervir de furia. Qué hacía él aquí? No había decidido convertirse en dios de los salvajes?
Nos alejamos un poco de la zona destruida sin perdernos de vista y cuando estuvimos a una buena distancia me acerqué rápidamente con la intención de expresarle mi opinión a aquel bstrd! Se me debió notaar en la cara las intenciones porque consiguió esquivar mi ataque. Una bofetada, esquivó una bofetada. Debí de dar mucho miedo! Pero fue peor, necesitaba descargar toda mi ira y frustración y no solo me negaba la satisfacción sino que me sentí humillada y avergonzada.
Respiré hondo y decidí ignorarlo a partir de ese momento. Hablé con Hao Liu y le expliqué lo que tenía pensado hacer y si iba a venir conmigo o con él.
Y aquí estoy, viajando en solitario..

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