Crónicas de las Tierras Rotas

La Sombra Amarga

Mientras caía desde el tejado ví a mi asesino. Una figura humanoide, hecha de sombras que empuñaba un arco de esa misma sustancia. La flecha se mantenía clavada en mi cuerpo, pero noté una presión como si se moviera y quisiera atravesarme.
Cuando estaba a punto de alcanzar el suelo alguien se lanzó sobre mi. Golpeamos el suelo juntos, y utilizó su cuerpo a modo de escudo para amortiguar mi caída. Tras dejarme tumbada en el suelo con delicadeza se levantó y sacó su espada.
La sombra, ahora acompañada por otras nos rodearon, avanzando y estrechando el cerco lentamente.
«Demonios de la Sombra Amarga en la propia Xian, mi mala suerte sigue acompañandome» dijo el guerrero. Su voz sonaba joven, su postura era firme y decidida y su rostro, a penas vislumbrado, sereno, pero habían diez sombras y sus movimientos confirmaban que eran criaturas letales.
Tras unos segundos de silencio, que parecieron prolongarse horas, uno de aquello seres se lanzó hacia mi. El joven se movió rápido y ligero como un gato, rodó por debajo del filo de sombras del hacha y su espada reflejó la luz lunar en una línea evanescente. Del cuello del monstruo manó sangre negra y se derrumbó a solo un metro de mi.
Entonces los demonios dejaron de centrarse en mi y se lanzaron contra mi salvador, sombras y un filo de plata bailando bajo las estrellas. En unos instantes todo había terminado, otros cuatro demonios cayeron y el resto decidió que ya habían tenido suficiente y empezaron a retirarse.
«Decidle a vuestro amo que ella está bajo la protección de Xiong Xie». Se acercó a ver como estaba, temblando de cansancio, pero antes que pudiera darle las gracias perdí la consciencia.
Desperté en una cama sencilla pero muy cómoda. La habitación era espaciosa pero sin ningún tipo de lujo o exceso. Llevaba puesto un sencillo camisón de seda, de gran calidad encima de un gran vendaje.
El joven, apoyado en una ventana, observando el exterior se giró al darse cuenta que estaba despierta.
«No conviene que te muevas. El veneno de las Sombras puede matar a un dragón con un solo roce. No he oído nunca que alguien haya sobrevivido a él. Que te puedas mover pasadas solo unas horas debería ser imposible, pero el que no respires creo es señal bastante clara que no eres normal. Me llamo Xiong Xie. Quién eres y qué eres que interesas tanto a los demonios?»

Lo miré entre asombrada y confundida, en mi mente habían más preguntas que respuestas. Abrí la boca para contestar pero no conseguí aticular palabra. Sentía la garganta cerrada, no solo no dejaba pasar el aire, tampoco el sonido. Me llevé la mano a la herida y luego al cuello, tragué saliva o al menos lo intenté. Ahora estaba asustada, no sabía que me pasaba. Como vi que me miraba esperando una respuesta sacudí la cabeza y señalé mi garganta. De mi boca abierta seguía sin salir sonido alguno.
Incómoda y asustada como me sentía decidí enfocar la situación a mi manera. Miré la ropa que llevaba puesta y luego le miré esperando una respuesta.
- Puedes estar tranquila, de eso se encargaron las sirvientas.
Me sentí aliviada y quise bajar de aquella cama, pero incomprensiblemente mis fuerzas me fallaron.
- Bueno, una consecuencia que puedo entender. No intentes levantarte, por lo visto ni siquiera tú eres totalmente inmune a los efectos debilitantes del veneno.
Tozudamente lo volví a intentar y a punto estuve de caer de la cama. Con una rápidez increíble, estaba a mi lado sujetándome por los hombros.
- No te he dicho que estás malherida? No te irás de aquí hasta que mejores – hizo una pausa y me miró burlón – , y yo obtenga algunas respuestas.
Qué debía decirle? Qué parte contarle? Cómo podía confiar en nadie?
Carraspeé un par de veces e intenté tomar aire unas cuantas mas. Finalmente mi voz volvió aunque débil y enronquecida.
Golpeando mi pecho para enfatizar mi respuesta le dije:
- Máozi ( extranjero; pelusa; bandido)- . Me miró divertido y soltó una carcajada.
- “Pelusa”, eh? Es un mote?
Lo miré sin comprender hasta que me dí cuenta a lo que se refería y mis mejillas ardieron de furia y vergüenza.
- No! Quiero decir que no soy de aquí. Vengo de muy lejos!
- Cómo de lejos? Mas allá de las islas? Eso es imposible! Nadie puede cruzar la Niebla!
- No vengo a través de la Niebla, vengo de más allá, de otro mundo sin Niebla – repliqué desafiante. Tan pronto las palabras salieron de mi boca me di cuenta que había dicho más de lo que debía o deseaba.
Me miró con los ojos muy abiertos, sorprendido por mis palabras.
- Eres del grupo de forasteros de la embajada de Lom? – su tono se había vuelto desconfiado.
- Aiiish! Como puedes equipararme a esos perros carroñeros??!! – grité furiosa tratando de alcanzarle con mi puño, sin mucho éxito, y cayendo de bruces en sus brazos.
Traté de zafarme pero estaba débil aún y su diversión me hizo perder la cabeza. Traté de arañarle, buscando sus ojos y le mordí con fuerza en la mano para caer agotada por el esfuerzo.
Ya no se reía. Se sujetaba con fuerza la mano herida con las marcas de mis dientes.
- Serás salvaje! Así me agradeces que te salvara la vida?! –Me miró con seriedad como pensando con cuidado lo que iba a decir a continuación-. Será mejor que descanses. Mañana pasaré a ver como estás. Y espero mejores respuestas.
Y salió de la habitación.

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simaehl umerue

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