Crónicas de las Tierras Rotas

EL VALLE DE LOS MALDITOS

La gente comienza a oír de nosotros y los pedigüeños comienzan a venir. Ocacia, un valle resguardado por montañas se había librado de lo peor de la invasión sufrida por Ancalia hasta hace unos días. Al parecer decidieron dejar que el resto de su país se las apañara como pudiera mientras ellos disfrutaban de paz.
El suplicante, Gezu, vino sin el beneplácito de sus mayores. Una matanza se estaba produciendo en su remanso de paz, los cuerpos descuartizados de los más débiles aparecían cada poco tiempo en sus tierras.

Discutí con Rand. Yo quería que “pagaran” de alguna forma por nuestra ayuda e, inexplicablemente, a Rand no le parecía bien.
No está bien que discutamos en público, debemos mostrar una imagen de unidad.
Al final, Rand se fue con una docena de soldados (mas discusión) y yo le seguí sin que se dieran cuenta.
El valle de Ocacia se encuentra en las estribaciones de la cordillera que cruza Ancalia de este a oeste. Con una sola entrada, es fácilmente defendible y rodeado de montañas está protegido de lo peor del clima septentrional de la zona.
No fueron muy bien recibidos.
El consejo de ancianos creían que de alguna manera habían ofendido a alguien que ellos llamaban “los primos” y éstos se estaban vengando (malos bichos, los primos).
Estaban preparando una especie de ofrenda que sería entregada al anochecer en un claro del bosque.
El hierro afecta de manera negativa a los primos, así que Rand y sus guardas tuvieron que despojarse de armas y protecciones.
Provistos solo de arcos y palos se adentraron en el claro y esperaron a los primos.
En el centro del claro se alzaba un árbol milenario bastante impresionante y a media noche una luz azul brillante parecía manar de él. Una música extraña hechizó a los soldados que con la mirada perdida se dirigían hacia la luz.
Solo mi fuerza de voluntad pudo sustraerme del embrujo a tiempo de ver a Rand y sus hombres dirigirse a una trampa. Tuve que dar a conocer mi presencia para detener a Rand, pero él no pareció agradecerlo. Me miro sin sorpresa, casi como si esperara que estuviera allí. Los guardias se adentraron en la luz y desaparecieron. No hubo forma de convencer a Rand de que era peligroso entrar allí, así que lo acompañé.
Al cruzar el anillo de luz entramos en un claro idéntico al que habíamos dejado pero el aire, la luz, la hierba, todo tenía una cualidad diferente, como desvaída, más apagada. El claro estaba rodeado de una neblina y alrededor del árbol milenario danzaban los hombres de Rand semidesnudos al son de una música etérea y cautivadora. Fabriqué unos tapones para los oídos y así pudimos hacerles volver a su ser.
Pero no estábamos preparados para lo que vino después. Un sonido como de golpes rítmicos se acercaba a nosotros.
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Unos extraños seres con una sola pierna, un brazo y un ojo en su cabeza sobre una boca enorme con afilados dientes. En lugar de pelo, su cuerpo lucía plumas negras.
Rand intentó acercarse amistosamente a ellos, pero el monstruo se abalanzó sobre él. Mi arco cantó y una flecha fue a clavarse en su único ojo.
Rand me miró contrariado por inmiscuirme y le arrancó la flecha. El monstruo dejó de retorcerse pero no parecía que fuera a causar mas problemas. El resto, al ver caer a su compañero, huyó.
Nos adentramos en la niebla y llegamos hasta un templete bajo el que se amontonaban cadáveres con un aspecto casi humano. Rodeaban un trono sobre el que habÍa una mujer con unos clavos en las cuencas oculares. El hedor era insoportable.
Al lado de aquel macabro espectáculo un pequeño estanque de aguas tan trasparentes que parecían cristal brillaba bajo los ocasionales rayos lunares que asomaban entre las nubes arrastradas por un viento fantasmal. En esos breves instantes en que el astro nocturno iluminaba las aguas se veía el reflejo de dos jóvenes de una belleza extraordinaria aunque un tanto inquietante. Cuando la luz se ocultaba, el estanque quedaba a oscuras y vacío, no parecía que hubiera nadie sumergido en sus aguas.
Rand se acercó al estanque y durante uno de aquellos periodos luminosos, metió la mano en el agua y sacó a una de las jóvenes.
Se escuchó un gemido y el trono de piedra sobre el que se sentaba la figura con clavos en los ojos se partió.
Poco a poco la joven volvió a la vida.
Cuando vio el panorama a su alrededor y le contamos lo que habíamos hecho nos mostró su consternación pues no habíamos rescatado a su hermana.
Un mal nacido de la Noche de la Fragmentación corroe los corazones de los pobladores del Valle de Ocacia. La crueldad y el egoísmo pudrieron sus almas cuando decidieron negar refugio a los que huían de los monstruos que llenaban Ancalia.
El mal se presenta en forma de sombras móviles bajo la piel como se fueran lombrices. El único remedio es el fuego.
Rand tuvo la feliz idea de resucitar a Tirúvel, la madre de Dega y como consecuencia se convierte en morrigan. Los fachen y las morrigan son espíritus que buscan venganza contra los que los agraviaron.
No sé si Rand será capaz de controlarla. Dega nos avisó que en vida su madre era muy poderosa.
Tirúvel reune a los fachen y morrigan supervivientes y se dirige hacia el pueblo a fin de exterminar a todo bicho viviente.
Dega no paraba de observarme hasta que al final se arma de valor para comentarme que me conoce porque ha visto mi retrato en una de las granjas del valle.
Ahora la consternada soy yo. Un retrato mío? No puede ser.
Me guía hasta el lugar y ciertamente, a través de la ventana puedo ver mi rostro dibujado sobre fino papel de arroz en un estilo claramente dulimbano. Ni me lo pienso a la hora de entrar y despertar a los habitantes para encontrar respuestas.
Choban, Jurkin Choban pasó por aquí camino del norte cruzando las montañas, huyendo. De que huía? A dónde fue? No hace mucho de ello, unos meses. Me quedo el dibujo y a cambio les salvo la vida al granjero y su familia advrtiéndoles para que huyan de la matanza que está por llegar.
Ahora que lo pienso mas detenidamente, puede que haya dejado escapar una enfermedad altamente virulenta y peligrosa.
Cuando regreso al pueblo, Rand está metido en combate con una masa informe, gelatinosa, como una lombriz monstruosa. El aura a su alrededor consume el poder recién adquirido y después de unos cuantos intentos por acabar con ella tenemos que salir huyendo. Dejamos atrás Ocacia y sus monstruos, pero tenemos que forjar un plan para librarnos de ese en concreto que no tardará en alcanzar nuestras murallas.
Será este el fin de Samira, otra vez?

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simaehl umerue

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