Crónicas de las Tierras Rotas

Diario de una batalla

El tiempo transcurre rápido como la arena entre mis dedos. Todo cambió desde que cayó aquel objeto celeste. Nos hizo diferentes. A veces me sorprendo, pensando en cuanto de humano me queda. Conforme desarrollo mas y mas mi poder, noto que mi consciencia y razón, empiezan a tratar a los mortales como si fueran seres inferiores. Como si yo fuera ¿Un Dios?

La facilidad con la que mis dones los manipulan, empieza a convertir su uso en algo casi instintivo para mi. Pensaba que alejarme del poder directo en los mortales cambiaría la situación.
Pero allá donde vamos se repite. Los mortales solo piensan en dos cosas, el poder y el dominio sobre sus pares. Se lanzan en campañas de conquista, en complicadas redes de manipulación, todo por ese objetivo que parece impulsarles, dominar.



Siento que estoy en una escalada de poder. Cada vez que intento interferir con ellos, me veo abocado a ganar mas y mas para realizar nuestro cometido. Mas control, mas violencia. Derrotar soldados ya es solo una mera anécdota, destruir ejércitos una realidad. Pronto será necesario destruir ciudades y después… No quiero pensar que necesitaré al final.

Empiezo a pensar que deberíamos dejarles que se maten entre ellos, simplemente. Pero entonces recuerdo que no solo están ellos. Que en múltiples ocasiones hay otros. Poderes en la sombra con facultades parecidas a las nuestras, o superiores a veces.
Me molesta que se entrometan, pero mas allá de eso, la verdadera razón es que puedan destruirnos. Bueno que puedan destruirme.

Cada vez me noto mas distante de todos, como si no me entendieran. Aunque no les culpo cada vez soy mas diferente. Pronto comenzaré a llevar a cabo mis propios planes. Tal y como son los humanos me parecen defectuosos. Crearé un pueblo que pueda llamar propio, a mi imagen y semejanza.

Y de mi carne y sangre una dinastía que los gobierne. Que puedan llevar a cabo proezas de las que sentirme orgulloso, y que mitigen mi melancolia.
Levantaré una torre de huesos, alzaré una ciudadela de hierro y soledad, sobre las cenizas de mis enemigos.

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simaehl umerue

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