Crónicas de las Tierras Rotas

DE MAL EN PEOR

Durante unos días me dediqué a observar a Rand. Necesitaba los fragmentos celestiales si iba a crear un artefacto para viajar en busca de Jurkin Choban.
Siempre que tuve la oportunidad registré sus aposentos, con sigilo, escondida en las sombras, disfrazada de criada…
En mis aposenstos pasé muchas noches en vela pensando la manera de coger los fragmentos sin que se diera cuenta. Sentía remordimientos por lo que iba a hacer, al fin y al cabo era traicionar a un compañero. En los momentos en que me vencía la conciencia miraba el dibujo que hizo Choban y mi determinación volvía.
La primera vez que encontré los fragmentos en el escondite de Rand me temblaban tanto las manos que no me atreví a llevármelos. Volví a mis habitaciones todo lo rápido que la prudencia me permitía. Lloré de rabia por mis escrúpulos. Salí de la ciudad y me alejé un trecho para dar rienda suelta a mi rabia gritando, pateando y golpeando todo lo que veía.
Regresé a mi habitación caminando a grandes zancadas, evitando mirar a los ojos de quienes se cruzaban en mi camino. Me tumbé en la cama todavía vestida, mas acalorada pero no mas calmada.
Tenía un pequeño taller en el que estaba dando forma al artefacto y al que solo le faltaba encajar los fragmentos.
Un par de días después preparé mi macuto para salir de viaje, volví al escondite de Rand y cogí dos fragmentos con los que terminé el artefacto.
Sin perder tiempo me fui a los establos, ensillé mi caballo y partí hacia los Caminos de la Noche en busca de mas fragmentos con los que reponer los que me había llevado. Todo el rato sentía unos ojos clavados en mi nuca y una sensación de opresión que me dificultaba el respirar.
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Encontrar la entrada a un camino de la noche no me resultó difícil, pues los habitantes locales conocen los lugares por donde no debía acercarme.
Las criaturas que merodeaban la zona eran grises y deformes, pero de alguna forma extrañamente familiares, y agresivas.
En todo momento hasta que entré sentí la mirada de algun ente de mayor intelecto que las bestias que había despachado, evaluándome y quizás, decidiendo que no merecía la pena luchar contra mi.
Un simple arco de piedra marcaba la entrada y tras él un puente casí infinito hecho de filigrana de plata flotando en una negrura que parecia respirar.
Sin mi sobrehumana resistencia intentar recorrer este camino sola hubiera sido suicida, en cualquier momento podía ser atacada por criaturas, algunas de ellas de aspecto desesperado. Si aún necesitase dormir algo me habría devorado.
Tras cinco dias de andar por la oscuridad, cruzando muros y torreones que antaño protegían el camino, pero que ahora no eran más que ruinas habitadas por engendros, llegué al final de esa ruta, sin haber encontrado desvío alguno. Al otro lado divisé una ciudad cubierta por la nieve, en una noche sin estrellas.
Este lugar, con un estilo arquitectónico que nunca había visto, en algún momento debió ser una gran civilización. La masoneria y la precisión de sus formas estaban más allá de las capacidades de ninguna nación de Arcem. Pero lo que no conseguí encontrar era vida alguna, aunque notaba la presencia de algo que se movía por el rabillo del ojo.
En el edificio principal, quizás una gran catedral, o el palacio del rey, encontré un libro magnífico, un potente artefacto, inamovible e indestructible, que contaba la historia de este mundo, sus héroes y sus batallas, y su participación en la Guerra Final.
El destino de este lugar estaba en sus páginas. No sé si a causa de la Fragmentación o por un Dios Creado enemigo, el Sol dejó de salir, e incluso la Luna terminó apagándose. El resto de la historia contaba como el frio y la oscuridad hicieron que en muy poco tiempo desapareciera el orden, y los habitantes se matasen por tener algo de madera o aceite para resistir el frío. Los sacerdotes de este templo protegieron los últimos restos de teurgia en un intento desesperado por encontrar ayuda. Pero las turbas consiguieron entrar y mataron a los sacerdotes que trataban de salvarles.
En un montón de cenizas, restos de un gran fuego, encontré dos fragmentos celestiales brillando levemente. A su alrededor decenas de cadáveres congelados que vieron como se apagaba la última llama hasta que sólo quedó el débil fulgor de los fragmentos.
Al salir con mi recompensa vi en un edificio cercano una luz, la de una llama. ¿Quizás aún quedaban supervivientes?

Me acerqué sigilosamente a ver quién podía estar en este lugar desolado. No quería poner en peligro mi botín. Tenía que reponer los fragmentos, a ser posible antes de que Rand se diera cuenta que le faltan.

La luz mostraba un grupo de guerreros, claramente venidos de otro lugar, de otro mundo. Eran muy competentes y me descubrieron cuando no llevaba mucho vigilándolos. Sus gestos y costumbres eran desconcertantes, pues sus ropas y lenguaje era parecido a los de Dulimbai, pero su acento hacía muy difícil la comunicación. Al final conseguí averiguar que eran un grupo de aventureros, que estaban explorando una ruinas cuando encontraron un profundo túnel que les llevó a esta ciudad. Por lo que llegué a comprender, la puerta por la que vinieron solo se abría en un sentido y llevaban varios días buscando una ruta alternativa sin éxito.
Su líder, que se presentó como Ming Li Yao, pronto comprendió que yo venía de un mundo diferente al suyo, y habló de una gran mal, una niebla que cubrió su mundo excepto un archipiélago protegido por algún poder que no supo explicar. Muy pocos habían conseguido sobrevivir a la niebla, pues provocaba la locura y en su interior moraban demonios de un raza salvaje, los Shao, que querían destruir lo poco que queda de la civilizacion y de razas antiguas y extrañas ruinas. Me preguntó sobre mi mundo y cómo llegar a él, pues empezaban a perder la esperanza de conseguir volver al suyo, al menos de momento.

No tenían monturas, llegaron aquí explorando unas ruinas subterráneas. Sus ropas son orientales, así como sus armas. Sus armaduras son de hierro y cuero, levemente mejores que las que suelo ver, pero nada sorprendente. Su fisonomía es muy parecida a la mía. Lo más revelador es su acento extraño.
Uno de ellos me habló sobre sus dioses, los Nueve Inmortales. Su presencia es más débil que antaño, pero siguen respondiendo a sus más devotos fieles.
Sus conocimientos mágicos me sorprendieron. Hablan de magia que no conozco, de tejer “capas de almas” que permiten al que la lleve hacer prodigios que rivalizan y superan cualquier cosa que haya oído. Uno de los viajeros es mago, aunque no tiene una capa de las que hablan. Quizás por desconfianza no me mostró lo que es capaz, pero por lo que me contaron creo que es una magia de gran versatilidad, pero que requiere esfuerzo y tiempo.
No es la primera vez que se enfrentarían a muertos vivientes. Aunque no tan abundantes como en Arcem, no son desconocidos en las Islas del Ocaso.

Tomé una decisión. Solo eran seis y no podían hacer mucho daño en aquellas tierras peligrosas.
Viajamos rápidamente, volando sobre el terreno gracias a mi artefacto. Si estaban sorprendidos no lo demostraron ni comentaron nada. Yo sí que me sorprendí al llegar a Samira.
La ciudad parecía sitiada por un ejército de zombies, pero solo eran las criaturas de Rand “protegiendo” la ciudad. Estaba enfadada …, no, estaba furiosa. Los guardias me reconocieron y me dejaron pasar.
Discutir con Rand me da un terrible dolor de cabeza. Es incapaz de empatizar con nadie y solo piensa en contar adoradores. Cómo puede ser tan cretino?!
Aseguraba estar haciendo lo mejor para la ciudad y sus gentes, protegiéndolas de la amenza del Gran Gusano que dejamos atrás en Ocacia.
Los zombies ya habían acabado con unos pocos habitantes que querían salir de aquella ciudad sitiada por no-muertos.
Traté de organizar una forma de descartar la amenaza del contagio cuanto antes para tratar de volver a la normalidad pero no era nada fácil. Rand está tramando algo y ha descartado de su mente la ciudad que parece solo darle problemas.
Si la morrigan es la única que puede ver con claridad a los infectados deberíamos usarla para que inspeccionara a los habitantes en busca de la infección. De paso, haremos un censo y volveremos a permitir el comercio de una forma controlada para evitar los problemas.
No sé porque confío en Rand. Su criatura morrigan ha matado a 100 personas, entre ellas el Consejo de la ciudad y el único médico que teníamos.
La gente está cada vez mas asustada y tan desesperada que prefieren probar suerte con los zombies que quedarse dentro de los muros.
He elegido otro consejo y les he contado abiertamente como está la situación. Trataré de ayudarlos si quieren salir y les proporcionaré herramientas para escapar de los zombies.
No paro de oír el nombre de Jonas. Al parecer es alguien que está en desacuerdo con los métodos que utilizamos y que previene al pueblo contra nosotros. No puedo encargarme de eso ahora y es inútil pedirle a Rand que haga algo, podría ser contraproducente.
A las puertas de la ciudad, lejos de los zombies que la rodean, una caravana de comerciantes nos ha solicitado una audiencia. Rand y yo vamos a encontrarnos con Akeshi, una criatura inidentificable que viene de la Corte de la Reina de las Cadenas Doradas a ofrecernos aquello que mas podamos desear a cambio de las minucias de nuestros sentimientos.
No entiendo muy bien que quieren, pero ofrecen mucho a cambio de algo, aparentemente, poco valioso para nosotros. Les he dicho que lo consultaré con el Consejo de la ciudad y que les daremos una respuesta.
Me recluyo en mi taller para fabricar unos sencillos lanzallamas que puedan ayudar a la gente a combatir a los zombies. Yo misma los he probado y funcionan bien a menos que alguien se acerque por tu espalda y corte la manguera de suministro de combustible.
Que espectáculo debe haber sido Rand y yo discutiendo ferozmente, rodeados de zombies furiosos. Uno de ellos me ha mordido, lo que ha hecho reaccionar finalemente a Rand y los ha detenido antes que acabaran conmigo.
Estoy cada vez mas cansada. Ha llegado un mensaje de Ankhesi, uno de los Príncipes de las Arenas de los Estados Oasis. La reunión de tribus tendrá lugar dentro de cuatro días.
He tratado de ser responsable, seguir haciéndome cargo de la ciudad y sus habitantes a pesar de las dificultades. Pero es que además tengo que luchar contra Rand, discutir, pelear, engañar…, estoy harta.
Cómo se le ocurre darle permiso a la morrigan para eliminar a los infectados? Pensaba que tenía algún tipo de control sobre ella, por eso no tuve reparos en que se encargara de la inspección. Un médico mundano habría tenido srios problemas para inspeccionar a mil personas como es debido para descartar a los que no estuvieran infectados.
Aún no me puedo creer que hubiera cien personas infectadas en la ciudad y que casualmente entre ellas se hallaran los miembros del Consejo. En parte también es culpa mia por confiar en Rand.
Mi sueño de una ciudad refugio se desmorona.
Me fui un día antes de lo previsto a mi reunión en el desierto. Me llevé a las niñas y a los forasteros. Le dejé una nota a Rand, pues no tenía claro si volver a Samira.
El desierto es hermoso. Ankhesi es una buena persona, aunque no debería confiar en mi criterio que ya me ha fallado antes.
Las tribus quieren pruebas de mi poder antes de ponerse bajo mi bandera para lo que quiera que tengo pensado.
En realidad no tengo pensado nada. Acudí a las tribus en un momento de ira con el único pensamiento de vengarme de la ateocracia. No quiero perder tiempo en demostraciones de feria como si fuera un fenómeno, pero tampoco tengo brillantes argumentos ni discursos para convencerlos. Viven sus vidas en libertad y no temen nada excepto que el cielo caiga sobre sus cabezas.
Ankhesi es un encanto. Ha accedido a dar la cara por mi ante las tribus, a quedarse con las niñas y cuidarlas. Me gustaría acurrucarme entre sus brazos y dormir sin pesadillas y en paz, pero tengo miedo de complicarle la vida. Creo que necesito un amigo mas que un amante.
Al final he vuelto al lado de Rand, se va de viaje a los fiordos, pero su impaciencia tiene el descaro de pedirme que lo lleve con rapidez a encontrarse con las zorras de hielo. Pues bien, si no fuera por mi pequeña transgresión no le ofrecería ni un pensamiento.
Nos fuimos todos los que podía llevar conmigo hasta las cercanías de Janjero y desde allí cruzamos el océano hasta las islas de las brujas negras.
Un día entero tuve que esperar alli hasta poder viajar de vuelta a Samira.
Dentro de un mes volveré a recogerlo.
Sé que los forasteros quieren volver a sus tierras, pero tendremos que esperar a que Rand regrese. Mientras intentaré averiguar todo lo que pueda sobre los Caminos de la Noche.

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simaehl simaehl

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